El vino en el restaurante: las especialidades libanesas

¡Continúa el festival de sabores! Salió con clase y elegancia del restaurante italiano tras elegir el vino italiano adecuado, pero ahora le proponen sin más un almuerzo de trabajo en el restaurante libanés de la esquina. Esta vez se trata de no quedar como un ignorante y, si es posible, de impresionar a sus compañeros con unos conocimientos enológicos que llegan hasta las orillas del Tigris y el Éufrates.
Por suerte, Flakon está aquí para arrojar luz sobre los maridajes de vinos y especialidades libanesas. Además, el Líbano es una de las cunas de la elaboración del vino. ¡Qué buena noticia!
Mezze
Empezamos con el apetitoso surtido de toda la vida que da tanto encanto al comienzo de una comida libanesa: los mezzes. Todos esos pequeños entrantes para compartir con sus compañeros son la ocasión perfecta para dar comienzo al festín y crear un ambiente de lo más acogedor.
Recuerde que aquí vamos a por los grandes éxitos: al fin y al cabo, estamos en un restaurante y los platos que proponemos no pretenden abarcar toda la gastronomía libanesa.
La comida: pequeños caprichos para picar
Nuestro surtido será, por tanto, apetitoso y tradicional: el hummus, los falafeles y el tabulé serán, por supuesto, los invitados de honor. Añadamos halloumi a la plancha, un queso de oveja y cabra originario de Chipre que se fríe en aceite de oliva, y labneh, queso fresco de oveja o cabra aliñado con pimienta, aceite de oliva y menta fresca. Por último, unas hojas de parra rellenas de arroz y carne, llamadas warak enab, y unas albóndigas de carne empanadas llamadas kebbeh aportarán un toque de carne al conjunto. Todo ello se acompaña de pan de pita.

El vino: el sol embotellado
El surtido destaca por su frescura, realzada por una presencia discreta pero perceptible de la menta, su ligera acidez y su textura cremosa y untuosa. Pero, sobre todo, es una explosión de sabores muy variados gracias a la diversidad de los platos. Necesitamos, por tanto, un vino capaz de acompañar esta variedad de sabores marcados: un blanco generoso y aromático, con intensas notas frutales.
Busquemos el sol en el sur de Francia con, por ejemplo, un blanco del valle del Ródano, como un Côtes du Rhône Villages Laudun. Para encontrar aromas que recuerden a los del Líbano, con notas de higuera, olivo o albaricoque, podemos optar por un Côtes du Ventoux, en particular del domaine Terres de Solence. Y, como siempre, un vino local permite lograr los maridajes más sutiles: elijamos un blanc de blancs de Château Ksara, muy floral, o un Viognier seco de Château Musar que nos ha conquistado en Flakon.

Plato principal
La comida: shish taouk, con su toque de garbanzos
Una vez abierto el apetito, pasemos a lo importante. Le propongo otro clásico: el shish taouk, una brocheta de pollo marinado en limón. Este plato tiene un perfil aromático potente: tomillo, comino, guindilla, canela, azafrán, zumaque y ajo, entre otros. De nuevo, una auténtica explosión de sabores. Acompañemos nuestro shish taouk con un laban de pepino (tzatziki libanés) con menta y hummus, para refrescar un poco este plato especiado y untuoso. ¡Una verdadera delicia!

El vino: el tinto y el blanco
Como habrá deducido, aquí también necesitamos un vino con suficiente carácter para destacar entre la explosión de aromas del plato elegido, pero sin ser tan intenso que acabe saturando el paladar. La eterna pregunta «¿tinto o blanco?» desata aquí un debate de proporciones mundiales, con propuestas para todos los gustos. Sobre gustos no hay nada escrito… Así que nosotros no vamos a mojarnos: ¡le propondremos de todo!
Empecemos por el blanco: necesitaremos un vino con bastante cuerpo y aromas vivos para estar a la altura del adobo. Una buena opción es un Château Tour des Gendres de Bergerac, concretamente la Cuvée des Conti, que dará lugar a un maridaje fresco y vivaz. Siguiendo con los blancos con cuerpo, algunos le recomendarán un riesling spätlese alemán o un pinot gris de Alsacia.
Ahora, en cuanto al tinto, podemos mirar hacia el Líbano y elegir un Château Saint-Thomas del valle de la Becá. Bastante tánico y con discretas notas de madera, realzará los aromas del comino y la canela, mientras que la carne asada a la leña destacará a la perfección su bouquet de frutos rojos.

Postre
La comida: ha llegado la hora de lo untuoso
Para terminar por todo lo alto, nada como un pequeño baklava para picar. Este dulce goloso y escandalosamente untuoso, hecho con pistacho, cruje al morderlo y se deshace en la boca. Mazapán, pistacho, azahar, miel, agua de rosas y canela: una vez más, todo un festival de aromas intensos y persistentes. Y de azúcar, también. Mucha azúcar. Ideal después de un banquete digno de un rey.

El vino: la tentación de Asti
Para acompañarlo, lo mejor que podemos aconsejarle es respirar hondo y tomar perspectiva. Hay que asumirlo: sinceramente, el mejor maridaje que podemos proponer es un té a la menta o un café; aquí no hay vino a la vista. Por un lado, los tintos no suelen casar bien con los dulces orientales. Por otro, un blanco seco quedaría eclipsado por la intensidad del azúcar, mientras que un vino demasiado dulce resultaría empalagoso.
Pero en Flakon nunca nos rendimos y hemos encontrado al candidato ideal: un vino italiano ligeramente espumoso que combina de maravilla con la untuosidad y el azúcar. ¡Está claro que los vinos italianos siguen teniendo recursos de sobra! El Bera Moscato d’Asti le encantará. Y para los valientes que no temen una sobredosis de azúcar, hay quien disfruta de un vino dulce, o incluso de un licor, con este tipo de dulces. Así, el moscatel de Rivesaltes, por ejemplo, suele combinar bien con los frutos secos, el azahar y la rosa; el licor de higo evoca sabores similares de la región.

Con los saludos del chef, ¡buen provecho!