Los Vinos
de Leyenda
de Leyenda
Antes de nada, le ofrecemos una breve introducción al arte de catar vinos para que deje de tener secretos para usted.
Y para ello, ¡nada mejor que un experto en la materia!
Servicio🍷: para disfrutar al máximo de la experiencia, recuerde utilizar una copa adecuada para la cata y servir los vinos a la temperatura indicada en el folleto incluido en su estuche.
Esperamos que haya disfrutado de la cata 🍷
A usted le gusta el vino, pero el vino no le corresponde. Por mucho que huela los corchos para detectar posibles defectos, solo percibe el olor a corcho. Observa, pero no ve nada; huele, pero no percibe nada; da un sorbo, pero no saborea nada… ¿El rosado es una mezcla de tinto y blanco? Aún le queda un largo camino, pero ¡con práctica y muchas catas lo conseguirá!
Ganas de convertirse en un auténtico maestro de la cata no le faltan; lo que le falta es práctica. Está claro que aspira a ser sumiller, pero sus sentidos aún no están lo bastante afinados y todos los vinos le saben parecidos. No se desanime: si Beethoven pudo convertirse en un virtuoso de la música siendo sordo, aún hay esperanza de que algún día distinga un chardonnay de un champán. ¡Entrene el olfato y el paladar, que no hay mejor remedio!
Quizá dedique demasiado tiempo a descifrar la etiqueta y demasiado poco a analizar lo que hay en su copa INAO. Pero tiene espíritu aventurero: siente curiosidad por todo y se abre paso a machetazos por la jungla de la vid sin miedo. Se equivoca, se pierde y se cae, pero siempre vuelve a levantarse. Tiene el ímpetu de un futuro enólogo: no se desanime, ¡va por la buena ruta del vino!
Forma parte de la orden de las buenas botellas. Aunque todavía no sea un gran maestro de la cata, tiene la disciplina y la curiosidad necesarias para llegar a serlo. Puede que aún no distinga las sutiles notas de yuzu al final de la segunda nariz de un vino poco conocido y de mineralidad exacerbada, pero sabe con certeza lo que le gusta y lo que no. ¡Y eso ya es mucho!
La precisión de su cata roza la brujería. ¡Cualquiera diría que se cayó en una barrica de roble cuando era pequeño! Domina el arte de la enología, conoce las técnicas más avanzadas y tiene los sentidos tan afinados como los de un sumiller profesional. Tiene mucha experiencia a sus espaldas, por decirlo suavemente… ¡Ya le queda poco para alcanzar la gloria absoluta!
Es el Mozart de la cata, el Picasso de las bodegas de Pomerol, ¡el Einstein del maridaje de un Savagnin añejo con un comté curado durante 36 meses y unos granos de sal! De un vistazo distingue la mourvèdre de la tannat. La sutileza de sus sentidos ha alcanzado cotas divinas: en cuestión de segundos detecta los aromas más insólitos en cualquier botella. Ha cruzado al otro lado: ya no cata el vino, escribe su destino.