7 mitos sobre el vino

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Ya sea en comidas familiares, en restaurantes o entre aficionados, los tópicos son difíciles de desterrar del mundo del vino. Pero, como nos gusta ayudarte a descubrir cosas nuevas sobre este universo, vamos a desmontarlos. Al fin y al cabo, en Flakon sabemos bien de lo que hablamos: los viales de vino generan controversia entre los franceses. Déjame explicarte por qué este tópico, entre otros, no se sostiene.

«¿Vino en vial? ¿Y qué más, el tinto en la nevera?».

Los viales conservan el vino tan bien como las botellas.

En Francia estamos orgullosos de nuestra cultura del vino, y con razón. Pero, acostumbrados a nuestras botellas de toda la vida, olvidamos que lo más importante no es la forma ni la capacidad del recipiente, sino su capacidad para conservar el vino.

Los enólogos y viticultores lo saben desde hace décadas: envasar el vino en viales es un método excelente para evitar su oxidación y conservar todas sus propiedades. De hecho, es el método de conservación preferido de los enólogos, que prefieren pequeñas cantidades a los 75 cl de una botella clásica.

Así es: de esta forma solo se consume el equivalente a una copa y no sobran 70 cl por cada botella abierta para la cata. Como habrás deducido, en Flakon apostamos por ofrecerte este formato de conservación para que disfrutes de catas más variadas y frecuentes, ¡sin arriesgarte a comprar una botella cara que luego no te guste!

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«He encontrado un Pommard muy barato. ¡Vamos a darnos un capricho!».

Que te suene el nombre no significa que sea bueno.

Quizá ya te hayas encontrado en esa situación en la que una botella muy asequible con una prestigiosa denominación de origen parece llamarte a gritos desde el segundo estante de la sección de vinos de tu Auchan favorito.

No caigas en la trampa: una denominación de origen puede abarcar decenas de bodegas diferentes y nada garantiza que todas tengan la misma calidad. Piensa en Saint-Émilion: según el terruño, la añada y el viticultor, podrás probar desde algunos de los mejores vinos franceses hasta el brebaje más infame.

Al elegir el vino, especialmente en un supermercado, fíjate en el nombre del paraje, la bodega o el château, más que en el del pueblo. Busca al viticultor y, si las hay, opiniones sobre sus vinos. A menos, claro, que te haya llamado la atención un gran cru clasificado: en ese caso, seguramente reconocerás la bodega al instante y, si no, el precio te lo recordará. Por último, comprueba si la añada tiene buena reputación, pero no te limites a los mejores años: ¡atrévete a explorar, porque a veces surgen sorpresas excelentes!

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El precio no lo es todo

Pero ¡ojo! Un vino caro no siempre es garantía de calidad. Esto ocurre especialmente en los restaurantes, donde no hay que olvidar que los márgenes de las bebidas son astronómicos y que el vino más caro de la carta no es necesariamente el que más le cuesta al restaurador.

Tómate siempre tu tiempo: pregunta por las bodegas, los viticultores y las añadas, igual que harías al comprar vino en un supermercado, y opta por el vino por copas si tienes muchas dudas. Si el restaurante tiene sumiller, aprovecha para hacerle todas tus preguntas y explicarle qué te gusta y qué buscas. Y, sobre todo, si el dueño no sabe contarte nada más sobre su Chardonnay, ¡bebe agua!

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«¿Comes pescado con un tinto? ¡Pero qué haces, Bertrand!».

El atún con tomate se encuentra más a gusto en Burdeos que en Chablis.

El pescado se come con vino blanco y el queso, con un buen tinto. Es una de esas ideas preconcebidas difíciles de desterrar, pero está lejos de ser cierta. Aunque el pescado al horno suele acompañarse mejor de un blanco fresco y untuoso, no es una regla general, sobre todo porque el pescado y el marisco pueden prepararse de maneras muy distintas. La dificultad de maridar vino tinto y pescado se debe principalmente a la reacción entre los taninos y las proteínas del pescado, muy diferentes de las de la carne roja. Así, un tinto más bien suave y con pocos taninos puede funcionar perfectamente: conviene optar por un Pinot noir y, por tanto, por un Borgoña. Una carne de sabor más intenso, como la del atún, o un pescado con salsa de tomate admiten mejor un tinto con más taninos, así que un Burdeos es una opción perfectamente viable. Y podemos ir más allá: las vieiras maridan muy bien con un champán.

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El queso y el vino tinto no van juntos.

¿Y el queso? Pues, en realidad, combina mucho mejor con el vino blanco —en el caso del 80 % de los quesos—, porque su acidez casa muy mal con los taninos. La diversidad de los quesos franceses es comparable a la de sus vinos: inconmensurable. Así que no te preocupes, tienes donde elegir. Pero tanta variedad tiene una pega: lo ideal sería servir un vino distinto con cada queso cuando llega la venerada tabla. Por eso, si no puedes acompañarla con varios vinos, en principio es preferible ofrecer solo unos pocos quesos bastante similares. Un truco para acertar con el maridaje: no es raro que un queso combine muy bien con un vino de su región, como el comté con un Savagnin del Jura o el époisses con un Pommard (tinto, sí, pero poco tánico).

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«¿Rosado? ¿Y qué más, un tinto de Alsacia para seguir?».

No todas las catas tienen que ser grandes acontecimientos.

El rosado es aceptable como aperitivo, pero no es un vino de verdad; todos saben igual. El desprecio hacia nuestro querido vino de color turmalina no tiene límites, pese a que su método de elaboración es el más antiguo y se remonta a la Antigüedad. Durante mucho tiempo se consideró que no merecía el interés de los enólogos y se le destinaron cosechas regulares o incluso mediocres. Sin embargo, cuando es bueno, puede ofrecer una gama muy diversa de aromas y sabores. Incluso hay doce grandes crus clasificados en Côtes de Provence y, aunque el rosado es menos complejo que el tinto o el blanco, vale la pena explorarlo para descubrir todos los matices que esconde tras su aparente ligereza.

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16 regiones vitivinícolas, 210 variedades de uva, 375 denominaciones de origen controladas, 59 000 bodegas

En general, ¡no te limites a los clásicos! ¿Por qué pasar por alto los vinos modestos llenos de sorpresas que abundan en Francia y en el resto del mundo? No todo es Burdeos y Borgoña. Para educar el olfato y el paladar, por supuesto que hay que probar los grandes vinos, pero también los menos grandes y los más modestos. ¡Explora! El Loira, Beaujolais, Provenza, Saboya… Cuanto más te animes a probar, más afinarás los sentidos y tus gustos. Habrá decepciones, claro, pero también gratas sorpresas. Y lo más importante es que, con el tiempo, sepas qué vinos disfrutas de verdad.